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30.03.2017 • 17:39 — Por  [Discos, Música, Reseñas ]

Para mí, uno de los descubrimientos musicales del año pasado, 2016. Folk-rock “mántrico” y sicodélico que podría recordar a los mejores Lungfish por su camino poco transitado y trascendido y en cambio echado en falta. O a su cantante Daniel Higgs, entonando composiciones de aspiración hímnica en solitario, a píe de banjo. Que son, como dijo Enrique Iglesias “Experiencias Religiosas”… para profanos en la harmonía sacra. Si bien grupos como Lungfish o Wilderness tienen ambos en Baltimore, Maryland una fuerte influencia de los predicadores baptistas, no tengo claro indicio del orígen del “rollo mesiánico” de este grupo del que hablo: Pudiera ser simplemente ácido lisérgico, una experiencia espiritual o, como suele suceder y más en la actualidad, ambas cosas (ejemplos como el “Christian Lucifer” de Perry Leopold en el ’73 vienen muy al caso).

El sindicato de los árboles y/o las ramas (intento traducir Arbor Labor Union) se presenta bajo la manta tartán que es el sello Sub Pop records, con muchas cantidades de baterías machaconas y tonos saturados en cuyo discurso, cualquier excusa es buena para pisar el pedal de Boost, creando un rock de formas sencillas pero inspirado e inspirador. Con la escapatoria decadente por el blues naturalista de grupos como Arbouretum. Melodías en bucle que se apoyan en la repetición de sí mismas para tejer un trance o viaje místico, llevando la voz la antorcha en avanzada por la gruta subconsciente. Sin ánimo de destramar por demasiado el disco, mejor demostrar que todo se quede en “psych folk/rock”, etiquetas que no falten.

Saludos.

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